Diseñar es planificar, como lo haría un arquitecto antes de construir: entender el negocio, a las personas usuarias y la tecnología para crear soluciones sostenibles, escalables y agradables de usar. La accesibilidad es parte de ese plano, no un añadido posterior.
Y beneficia a mucha más gente de la que parece: 1 de cada 6 personas en el mundo tiene alguna discapacidad, y 1 de cada 4 en la Unión Europea. A eso se suman las limitaciones temporales (un brazo escayolado) y situacionales (una pantalla con reflejos, un entorno ruidoso). Un producto accesible es, simplemente, un producto mejor para todos.